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Los de Falcon, cuando se ponen, se ponen. Los imaginativos y audaces cineastas europeos les mojan la oreja muchas veces, pero Falcon lleva más de tres décadas haciendo cine gay y eso se nota mucho. Esta Bachelor party es un peliculazo ante el que no cabe más que ponerse en pie con el ya-saben- qué en estado de “presenten armas”. Los actores son, casi todos, los mismos de siempre ¬–Falcon ha hecho contratos de por vida a actores como Matthew Rush, por ejemplo–, pero el dineral que se han gastado en Las Vegas, el guión (una imaginativa “fiesta” en un espectacular hotel) y la realiza-ción son de lo que se ve muy pocas veces. La primera escena ya corta la respiración: Shane Frost “abusa” de Tony Capuc-ci, que tiene una borrachera de no te menees… hasta que se le pasa y toma el mando del asunto. La escena del strip-poker es fabulosa, con el inevitable Erik Rhodes compar-tiendo protagonismo con un mozo que es la belleza misma, Dylan Saunders, y con otros dos de menor cuantía. Baja un poco (sólo un poco) el numerito de Roman Heart haciéndose encular por el guardaespaldas en el coche, y la culpa la tiene sólo Heart, al que le van pesando los años y el aburrimiento: ya lo hace todo como por costumbre, sólo le falta comer pipas y ver la tele mientras se lo cepillan. Pero sigue siendo un número uno. Fantástico el dúo “piscinero” con el impresionante Rod Daily tatuado en estrelli-tas. Y, para final, una escena muy curiosa: El gigantesco Rush, que no ha tocado pelota en toda la cinta, le hace una espectacular felación (con rimming incluido) a otra monta-ña humana: el heterosexual Zeb Atlas. En asunto no pasa de ahí, pero Zeb disfruta como un enano: una escena de coleccionista de rarities and surprises con “gay-heteros”. Claro que, viéndoles, uno se acuerda de aquella frase que dijo Napoleón, en Egipto, ante sus soldados: “¡Desde lo alto de esa mamada, 280 kilos de músculos os contemplan!”
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